EL PODER DE LAS REGLAS O EL PODER DE LA COERCIÓN ¿DEBE EUROPA CONSTRUIR UN EJÉRCITO COERCITIVO? ... Estos últimos días hemos presenciado dos hechos de carácter internacional que son dos formas diferentes de entender las relaciones internacionales. Por un lado el poder militar de Trump le permite entrar a Venezuela, amedrentar a México y aspirar a anexionarse Groenlandia y, por otro, la UE que acuerda con países de Latinoamérica un acuerdo económico y comercial después de diez años de duras negociaciones que desembocaron en un acuerdo. Las dos formas de entender las relaciones internacionales conviven (confrontan) en la actualidad. El resultado es que la ciudadanía nos encontramos descolocados y asustados hacia el futuro que nos espera. Pau Luque (Universidad Nacional Autónoma de México) realiza unas interesantes reflexiones sobre estos dos modelos en este artículo (resumen). El poder de las reglas o el poder de la coerción.
Europa creía formar parte de un proyecto universalista junto a Estados Unidos, pero en realidad solo era el protegido de un proyecto localista con intereses globales. Solo cuando Europa ha pasado a formar parte del lado “malo” de los intereses de Estados Unidos los europeos han empezado a notar que tal vez estaban soñando. Lo que se quebró cuando Trump exigió más gasto en defensa a los países miembros de la OTAN y empezó a ser hostil hacia los europeos no fue el derecho internacional, sino el manto protector de Estados Unidos.
¿Cuándo ha respetado Estados Unidos, en la práctica, las reglas en el orden mundial? La respuesta es: solo cuando las reglas estaban alineadas con sus intereses. Pero esto no es seguir reglas. Como decía Kant, ser guiado por reglas no es solo actuar de conformidad con las reglas, sino estar motivado por estas. Estados Unidos ha actuado los últimos sesenta años motivado por sus intereses nacionales y por los de sus aliados. Pero rara vez ha actuado movido por las reglas.
Los europeos ahora están desvelados. Se están despertando del noble sueño de diferentes maneras. Están quienes creen que este es un mundo nuevo no porque hayamos dejado atrás el noble sueño sino porque Estados Unidos ha dejado atrás a los europeos. Hay que competir en este nuevo mundo. Borrell o Habermas, entre otros, creen que necesitamos autonomía militar. Hay que tener un ejército europeo, o al menos hay que subir el gasto en Defensa de cada país miembro de la Unión Europea. Como decía Ivan Krastev, Europa no puede ser un vegetariano en una cena de caníbales.
Además de la inquietante lógica belicista de esta salida, el problema ―como señalaba el propio Krastev— es que existe la posibilidad real de que la ultraderecha llegue en un futuro no muy lejano al poder en Alemania, Francia o España y, cuando lo haga, se encuentre con ejércitos bastante más poderosos de lo que son ahora. Esto provoca escalofríos históricos. Puede hacer resurgir las sospechas entre socios europeos, desconfianza que, durante el siglo XX, terminó en conflictos colosales. Y además puede significar tener a engrosados ejércitos europeos alineados, o al menos no hostiles, con los intereses de Vladímir Putin.
Pero hay otro despertar posible del noble sueño. Es el más difícil. Implica reconocer que se estuvo soñando durante sesenta años en unas condiciones de las que solo se gozaba, esencialmente, en Europa y en Estados Unidos. Implica también admitir que lo que indujo el noble sueño no es necesariamente lo mismo que aquello que lo puede materializar: puede que la idea de un orden internacional basado en reglas sea fruto de la razón (no lo sé y no creo que esto sea importante), pero el derecho no se pone en práctica mediante la razón, sino mediante la coerción. Suena incómodo, ¿verdad? Pero si uno cree que las reglas son la manera de organizar la sociedad entonces tiene que aceptar la coerción como parte del entramado del que forma parte esa idea. Como Europa había externalizado o subcontratado a Estados Unidos (o a la OTAN, como ustedes prefieran) casi toda capacidad coercitiva, creyó que un orden internacional basado en reglas se podía instaurar solo mediante el uso de la razón. Pero esto no es ya sueño. Es fantasía.
Sospecho que la actual batalla está perdida. La manera de ver el mundo de Trump, Putin y Xi Jinping es la vencedora por el momento. Ha vencido la ley del más fuerte, que es tanto como decir que no hay ley. Pero hay que insistir en el noble sueño. Para que deje de serlo. Y hay que ser conscientes de que se trata de un camino muy largo. Se podría empezar dotando de más recursos al Tribunal Penal Internacional y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre otras instituciones, para que aumente su capacidad de hacer cumplir las leyes y sus sentencias.
No necesitamos reivindicar el derecho internacional. Necesitamos aplicar el derecho internacional. Y esto es imposible sin la coerción. La fuerza sin reglas es barbarie e imperialismo. Las reglas sin coerción son ilusiones ilustradas.
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