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La vida cañón de los boomers



¿SON LOS BOOMERS LOS CULPABLES DE LA SITUACIÓN DE LA JUVENTUD? ... Ayer precisamente comentaba con un amigo las dificultades que están teniendo los jóvenes para hacerse camino en un futuro tan incierto (vivienda, precariedad laboral ...). A él le sorprendía que se refugiasen en opciones ultraconservadoras que les proponían soluciones simplistas que no iban a resolver sus problemas, más bien agravarían su situación. Comentamos que era un voto en contra de los boomers que culpabilizan de su situación. Mientras están de travesía por el Nilo, o en balnearios, o disfrutando de los viajes del Inserso, a ellos le dejamos un mundo lleno de precariedad. Y llegamos a la conclusión que era un voto antisistema. Un basta ya. Hablamos de los sistemas educativos y del perfil de persona que educan, de las dificultades de las familias de educar en una sociedad tan consumista, de que todo lo quieren ahora mismo (y lo tienen) y de una juventud que no sabe gestionar, un no, ni un fracaso ni una frustración. No pretendíamos hacer un análisis exhaustivo de la situación de la juventud y éramos conscientes que dejábamos al margen lo más importante como son las políticas de juventud que se desarrollaron durante años en este país. Pero mi amigo acabó diciéndome yo estoy dispuesto a luchar por defender mi pensión, mi modo de vida, he estado trabajando toda mi vida y ahora no estoy dispuesto ni a que me congelen la pensión, ni a admitir que la solución a los problemas de la juventud puede pasar por jodernos a nosotros.
Y mira por donde esta mañana leyendo el País me encuentro con este artículo de Sergio del Molino que trata precisamente de este tema. Había oído, en una emisora, referencias al libro de la joven escritora Analía Plaza donde el título es toda una declaración de guerra a los boomers: "La Vida Cañón". Como es un tema polémico os comparto íntegro el artículo:
Tras leer la primera versión de La vida cañón, de Analía Plaza, la madre de la autora le dijo: “Vamos, que la conclusión es que nos vayamos muriendo, ¿no?”. Es la última frase del libro, y tras leer sus 272 páginas comparto la conclusión de la madre de la escritora: La vida cañón es un alegato contra los viejos, aquí llamados boomers. Ya sospechaba algo así al leer las entrevistas a Plaza, aunque tenía la esperanza de que sus titulares fueran solo clickbait desmentido por la argumentación del libro. Qué va. La obra es una condena con juicio amañado. Como tantos otros jueces, Analía Plaza tenía la sentencia escrita antes de abrir la sesión.
Los sans-culottes de París y los bolcheviques de Petrogrado se alzaron enfurecidos por el brillo de las porcelanas finas y las cuberterías de plata de los nobles, pero la retórica purificadora del pequeño libro rojo de Analía Plaza se proyecta contra los mineros prejubilados de Mieres, un matrimonio de Albacete y unos señores de 63 años de crucero por el Nilo. Los nuevos zares y mariantonietas son señores con tarjeta de El Corte Inglés. La revolución se ha buscado enemigos asequibles: es mucho más fácil derrocar a un suegro que a un emperador.
Analía Plaza apunta a los conflictos contemporáneos más graves, pero lo hace desde la frivolidad, la caricatura, el sesgo expositivo y la pobreza documental (prácticamente todo se basa en testimonios periodísticos que confirman sus prejuicios). Aunque lo peor es su enfoque moralizante. Dice que en Estados Unidos estudian a los boomers “como una panda de egoístas sociópatas que han disfrutado de años económicamente florecientes y se irán dejando un mundo en llamas”. A mí me suena raro que un estudio científico se exprese en esos términos, y como la bibliografía solo remite a un despacho de Reuters, deduzco que es la opinión de la autora.
A Plaza le molesta todo de los boomers, que no trata como una categoría demográfica, sino como un cliché patético. No soporta que se diviertan, que viajen, que presuman de esfuerzo, que coman chuletones, que decoren sus salones con figuritas… La vida cañón aborda la desigualdad como un mero ajuste de cuentas entre generaciones, y recuerda a La fuga de Logan y otras distopías gerontocidas de mundos jóvenes felices. He buscado la complejidad y el debate en estas páginas, pero no he hallado más conclusión que la de la madre de la autora: Analía Plaza quiere que los viejos se mueran para heredar su vida cañón. A Milei y a Trump les tiene que gustar mucho este libro. Es de su rollo.



¿SON LOS BOOMERS LOS CULPABLES DE LA SITUACIÓN DE LA JUVENTUD? ... Ayer precisamente comentaba con un amigo las dificultades que están teniendo los jóvenes para hacerse camino en un futuro tan incierto (vivienda, precariedad laboral ...). A él le sorprendía que se refugiasen en opciones ultraconservadoras que les proponían soluciones simplistas que no iban a resolver sus problemas, más bien agravarían su situación. Comentamos que era un voto en contra de los boomers que culpabilizan de su situación. Mientras están de travesía por el Nilo, o en balnearios, o disfrutando de los viajes del Inserso, a ellos le dejamos un mundo lleno de precariedad. Y llegamos a la conclusión que era un voto antisistema. Un basta ya. Hablamos de los sistemas educativos y del perfil de persona que educan, de las dificultades de las familias de educar en una sociedad tan consumista, de que todo lo quieren ahora mismo (y lo tienen) y de una juventud que no sabe gestionar, un no, ni un fracaso ni una frustración. No pretendíamos hacer un análisis exhaustivo de la situación de la juventud y éramos conscientes que dejábamos al margen lo más importante como son las políticas de juventud que se desarrollaron durante años en este país. Pero mi amigo acabó diciéndome yo estoy dispuesto a luchar por defender mi pensión, mi modo de vida, he estado trabajando toda mi vida y ahora no estoy dispuesto ni a que me congelen la pensión, ni a admitir que la solución a los problemas de la juventud puede pasar por jodernos a nosotros.
Y mira por donde esta mañana leyendo el País me encuentro con este artículo de Sergio del Molino que trata precisamente de este tema. Había oído, en una emisora, referencias al libro de la joven escritora Analía Plaza donde el título es toda una declaración de guerra a los boomers: "La Vida Cañón". Como es un tema polémico os comparto íntegro el artículo:
Tras leer la primera versión de La vida cañón, de Analía Plaza, la madre de la autora le dijo: “Vamos, que la conclusión es que nos vayamos muriendo, ¿no?”. Es la última frase del libro, y tras leer sus 272 páginas comparto la conclusión de la madre de la escritora: La vida cañón es un alegato contra los viejos, aquí llamados boomers. Ya sospechaba algo así al leer las entrevistas a Plaza, aunque tenía la esperanza de que sus titulares fueran solo clickbait desmentido por la argumentación del libro. Qué va. La obra es una condena con juicio amañado. Como tantos otros jueces, Analía Plaza tenía la sentencia escrita antes de abrir la sesión.
Los sans-culottes de París y los bolcheviques de Petrogrado se alzaron enfurecidos por el brillo de las porcelanas finas y las cuberterías de plata de los nobles, pero la retórica purificadora del pequeño libro rojo de Analía Plaza se proyecta contra los mineros prejubilados de Mieres, un matrimonio de Albacete y unos señores de 63 años de crucero por el Nilo. Los nuevos zares y mariantonietas son señores con tarjeta de El Corte Inglés. La revolución se ha buscado enemigos asequibles: es mucho más fácil derrocar a un suegro que a un emperador.
Analía Plaza apunta a los conflictos contemporáneos más graves, pero lo hace desde la frivolidad, la caricatura, el sesgo expositivo y la pobreza documental (prácticamente todo se basa en testimonios periodísticos que confirman sus prejuicios). Aunque lo peor es su enfoque moralizante. Dice que en Estados Unidos estudian a los boomers “como una panda de egoístas sociópatas que han disfrutado de años económicamente florecientes y se irán dejando un mundo en llamas”. A mí me suena raro que un estudio científico se exprese en esos términos, y como la bibliografía solo remite a un despacho de Reuters, deduzco que es la opinión de la autora.
A Plaza le molesta todo de los boomers, que no trata como una categoría demográfica, sino como un cliché patético. No soporta que se diviertan, que viajen, que presuman de esfuerzo, que coman chuletones, que decoren sus salones con figuritas… La vida cañón aborda la desigualdad como un mero ajuste de cuentas entre generaciones, y recuerda a La fuga de Logan y otras distopías gerontocidas de mundos jóvenes felices. He buscado la complejidad y el debate en estas páginas, pero no he hallado más conclusión que la de la madre de la autora: Analía Plaza quiere que los viejos se mueran para heredar su vida cañón. A Milei y a Trump les tiene que gustar mucho este libro. Es de su rollo.



¿SON LOS BOOMERS LOS CULPABLES DE LA SITUACIÓN DE LA JUVENTUD? ... Ayer precisamente comentaba con un amigo las dificultades que están teniendo los jóvenes para hacerse camino en un futuro tan incierto (vivienda, precariedad laboral ...). A él le sorprendía que se refugiasen en opciones ultraconservadoras que les proponían soluciones simplistas que no iban a resolver sus problemas, más bien agravarían su situación. Comentamos que era un voto en contra de los boomers que culpabilizan de su situación. Mientras están de travesía por el Nilo, o en balnearios, o disfrutando de los viajes del Inserso, a ellos le dejamos un mundo lleno de precariedad. Y llegamos a la conclusión que era un voto antisistema. Un basta ya. Hablamos de los sistemas educativos y del perfil de persona que educan, de las dificultades de las familias de educar en una sociedad tan consumista, de que todo lo quieren ahora mismo (y lo tienen) y de una juventud que no sabe gestionar, un no, ni un fracaso ni una frustración. No pretendíamos hacer un análisis exhaustivo de la situación de la juventud y éramos conscientes que dejábamos al margen lo más importante como son las políticas de juventud que se desarrollaron durante años en este país. Pero mi amigo acabó diciéndome yo estoy dispuesto a luchar por defender mi pensión, mi modo de vida, he estado trabajando toda mi vida y ahora no estoy dispuesto ni a que me congelen la pensión, ni a admitir que la solución a los problemas de la juventud puede pasar por jodernos a nosotros.

Y mira por donde esta mañana leyendo el País me encuentro con este artículo de Sergio del Molino que trata precisamente de este tema. Había oído, en una emisora, referencias al libro de la joven escritora Analía Plaza donde el título es toda una declaración de guerra a los boomers: "La Vida Cañón". Como es un tema polémico os comparto íntegro el artículo:
Tras leer la primera versión de La vida cañón, de Analía Plaza, la madre de la autora le dijo: “Vamos, que la conclusión es que nos vayamos muriendo, ¿no?”. Es la última frase del libro, y tras leer sus 272 páginas comparto la conclusión de la madre de la escritora: La vida cañón es un alegato contra los viejos, aquí llamados boomers. Ya sospechaba algo así al leer las entrevistas a Plaza, aunque tenía la esperanza de que sus titulares fueran solo clickbait desmentido por la argumentación del libro. Qué va. La obra es una condena con juicio amañado. Como tantos otros jueces, Analía Plaza tenía la sentencia escrita antes de abrir la sesión.
Los sans-culottes de París y los bolcheviques de Petrogrado se alzaron enfurecidos por el brillo de las porcelanas finas y las cuberterías de plata de los nobles, pero la retórica purificadora del pequeño libro rojo de Analía Plaza se proyecta contra los mineros prejubilados de Mieres, un matrimonio de Albacete y unos señores de 63 años de crucero por el Nilo. Los nuevos zares y mariantonietas son señores con tarjeta de El Corte Inglés. La revolución se ha buscado enemigos asequibles: es mucho más fácil derrocar a un suegro que a un emperador.
Analía Plaza apunta a los conflictos contemporáneos más graves, pero lo hace desde la frivolidad, la caricatura, el sesgo expositivo y la pobreza documental (prácticamente todo se basa en testimonios periodísticos que confirman sus prejuicios). Aunque lo peor es su enfoque moralizante. Dice que en Estados Unidos estudian a los boomers “como una panda de egoístas sociópatas que han disfrutado de años económicamente florecientes y se irán dejando un mundo en llamas”. A mí me suena raro que un estudio científico se exprese en esos términos, y como la bibliografía solo remite a un despacho de Reuters, deduzco que es la opinión de la autora.
A Plaza le molesta todo de los boomers, que no trata como una categoría demográfica, sino como un cliché patético. No soporta que se diviertan, que viajen, que presuman de esfuerzo, que coman chuletones, que decoren sus salones con figuritas… La vida cañón aborda la desigualdad como un mero ajuste de cuentas entre generaciones, y recuerda a La fuga de Logan y otras distopías gerontocidas de mundos jóvenes felices. He buscado la complejidad y el debate en estas páginas, pero no he hallado más conclusión que la de la madre de la autora: Analía Plaza quiere que los viejos se mueran para heredar su vida cañón. A Milei y a Trump les tiene que gustar mucho este libro. Es de su rollo.

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