Hace doce años desde la FETE nos lanzamos a realizar un proyecto, insólito para una organización sindical, como fue la creación de un documental sobre el papel que realizaron las maestras durante la República. Queríamos remarcar el trabajo comprometido de estas mujeres que se aventuraban por los caminos hacia las aldeas más remotas del país para llevar la cultura y educar a sus niños y niñas. Pero también queríamos hacerle un reconocimiento por el trabajo realizado y denunciar su persecución, sus ejecuciones y su depuración por el franquismo, muchas de ellas militantes de la FETE. Para este trabajo, impulsado por la incansable Luz Martínez, conectamos con Pilar Pérez una directora que fue capaz de organizar el material histórico y a través de una maestra ficticia (la única profesional que cobró por su trabajo) dio sentido a la historia donde aparecen los principios educativos del proyecto republicano. Hilda, hija de maestros republicanos, ella misma también era maestra, nos cuenta en el documental el trabajo de sus padres y, sobre todo, cuando fueron a buscarlos a casa para asesinarlos. Sus palabras en el documental resultan desgarradoras y sinceras ... El trabajo de este equipo consiguió lo que nos parecía imposible cuando Pilar nos lo propuso: conseguir el Goya al apartado de Documentales Históricos ... Ha fallecido Hilda, fundamental en el documental, gracias por tu colaboración y por ser como eras, gracias por los Km que has realizado por toda España presentando el documental ... D.E.P. Hoy mismo me pidieron el documental para pasarlo y comentarlo en un pueblo de Tarragona, el mejor homenaje que le podíamos hacer a Hilda.
Patricia Esteban Erles nos recuerda la dignidad de Zerolo ante unos y unas energúmenos que escupen odio por sus bocas ... gracias Patricia por tus textos: Zerolo, maricón, tú qué haces aquí. Y en esa media docena de palabras se resume todo. El insulto y el reproche. Tío al que le gustan los tíos, pera en el mundo de las manzanas, nefando pecador, qué cojones pintas en este universo nuestro de señores y señoras de bien, de rayas de pantalón que son líneas rectas rectísimas. De fascistas de los de toda la vida, de los que miran al Otro como al nuevo fenómeno de feria al que escupir o tirar mondas de patata. Como al toro herido, como al que tuvo peor suerte y nació solo, distinto, pobre, mujer, gay, dos tonos más oscuros de la cuenta. Qué miedo esa sonrisa de la doña del extremo. Qué rictus de torturadora pasiva, qué placer en la contemplación de la ofensa gratuita. Qué espanto esas manos cruzadas de la que va religiosamente a la peluquería antes de acercarse al patíbulo de turno, qué ...
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