Resulta difícil no percibir una profunda contradicción cuando quienes han contribuido a deteriorar la confianza ciudadana en la Justicia reclaman ahora respeto para las instituciones que representan. El respeto no se impone, no se exige desde un atril ni se reclama desde una toga. El respeto se conquista cada día con independencia, con imparcialidad y con la certeza de que la ley se aplica igual para todos. Se gana cuando los ciudadanos sienten que los tribunales protegen la justicia y no intereses políticos, económicos o partidistas. Cuando una parte importante de la sociedad observa resoluciones que considera difíciles de comprender, cuando percibe dobles raseros o sospecha de influencias ajenas al Derecho, lo que se erosiona no es solo la imagen de un juez o de una sentencia: se resquebraja la credibilidad de todo el sistema. Por eso, antes de pedir respeto, conviene preguntarse qué se ha hecho para merecerlo. Porque la autoridad moral no nace del cargo, sino de la conducta. Y la co...
Blog de Carlos López Cortiñas