sábado, 10 de junio de 2017

España...y Cataluña.

Este fin de semana nos sorprendió Guardiola erigiéndose en el portavoz de los independentistas y realizando manifestaciones que no dejaron indiferentes a nadie.  Un paso más para que Puigdemont y el Gobierno de la Generalitat sigan con su hoja de ruta de convocar un referéndum para el día uno de octubre, organizado de forma unilateral, y llevando el pulso con el gobierno español hasta sus últimas consecuencias.
Pronto se cumplirán siete años de la sentencia del Tribunal Constitucional, sentencia que convirtió en inútil la larga negociación política del gobierno de Zapatero con la Generalitat, cuyos acuerdos para modificar el Estatut fueron refrendados por el Parlament y el Parlamento español. De nuevo el poder judicial resituó al poder político y legislativo y ahí empezaron los problemas y los desacuerdos.  A la acción política y al acuerdo de la etapa de Zapatero, lo sustituyó el gobierno del PP con Rajoy al frente y a partir de ahí todas las reivindicaciones catalanas encontraron un muro infranqueable.
Sé que la prudencia política aconseja que en momentos de zozobra no tomar decisiones arriesgadas, pero a veces las propias convenciones ideológicas de los partidos políticos les debería llevar a lanzarse con propuestas claras y sin demagogias para solucionar o al menos mitigar los grandes problemas sociales que están en relación, más que con la economía, con los sentimientos colectivos.  Esta situación se empeora cuando estos sentimientos son utilizados por unos y por otros para conseguir rédito electoral, y aunque consiguen dicho rédito aumentan la quiebra social y se alejan de la solución.
Es el momento de plantear una modificación de la Constitución para reconocer el carácter plurinacional dentro de un Estado Federal; y eso hay que hacerlo desoyendo a los que dicen que ahora no es el momento, que lo que haría es aumentar el problema, que es darle la razón a los separatistas o que no ayudaría a solucionar el problema... hay que hacerlo por convención ideológica para cerrar lo iniciado en la transición política con un "café para todos" que no respondía a la realidad social y política en la construcción futura del Estado, sino del momento reivindicativo.
Es el momento también de revisar la fiscalidad territorial para evaluar el coste de los servicios públicos y poder garantizarlos a los ciudadanos en todos los territorios, pero a la vez evaluar lo que supone políticamente las excepcionalidades ventajistas de Navarra y Euskadi, las inversiones del Estado en las Autonomías en relación al porcentaje del PIB que aportan... Hablar de la solidaridad interterritorial unida a lo que recibe y aporta cada Autonomía... también eso es construir el Estado.
Por no poner la voz en los catalanes con una reivindicación histórica suya, yo tampoco entiendo que en el siglo XXI sigan manteniéndose las ventajas fiscales para dos Autonomía ( y mucho menos la forma de hacer caja en la negociación de los presupuesto últimos con la inestabilidad política );  ¿qué supondría para la solidaridad interterritorial que todas las Autonomías tuviesen esa fiscalidad ?;  en este sentido tampoco entiendo como Cataluña aportando el 18% del PIB y siendo el 16% de la población reciban tan poco del Estado, el 7%.  Seguro que habrá explicaciones, pero yo no lo entiendo.  Mucho esfuerzo de negociación y acuerdo por delante tienen los políticos, como tuvo Zapatero... y si hay acuerdo a esperar al Constitucional, porque de lo que estoy seguro es que los del PP si no les gusta lo recurrirán y le trasladarán  el trabajo político al Tribunal Constitucional.