lunes, 16 de julio de 2012

EL PAPEL DEL SINDICALISMO A DEBATE

El otro día sentí vergüenza ajena cuando el Presidente del Gobierno  anunciaba los recortes en el Parlamento y en las bancadas del PP aplaudían y jaleaban a modo de " holliganismo" las medidas que están dirigidas a socavar el estado del bienestar.   Pero hubo dos que me resultaron significativas,  una por la falta de sensibilidad social, disminuir las prestaciones por desempleo, y otra porque merma la capacidad de representación de los trabajadores/as  al disminuir los derechos sindicales.

La constitución reconoce la participación de la ciudadanía a través de dos instituciones (entre otras), los partidos políticos para encauzar la participación política y los sindicatos con el fin de democratizar la vida laboral.   Incluso recoge, también,  la huelga general como un hecho de defensa democrático ante posibles agresiones.

Los sindicatos recibimos ingresos para el mantenimiento de nuestras estructuras por varias vías: principalmente por la cuota de la afiliación; por los derechos sindicales en base a la representación que obtenemos en las elecciones sindicales.   Y también a traves de la formación, cantidades estas con "caracter finalista" y sometidas a varias evaluaciones externas y al rigor del Tribunal de Cuentas.    Hay que añadir que los fondos de formación salen de las aportaciones de las empresas y de lo que cada trabajador aporta a través de su nómina.  La reforma que pretenden con la formación es rebajarnos (o quitárnos) las cantidades a los sindicatos y dárselos a empresas de formación, generalmente vinculadas a los empresarios.

En este país los sindicatos trabajamos con uno de los instrumentos que mejor redistribuye la renta entre la ciudadanía:  "la negociación colectiva".    Mantenemos servicios jurídicos a disposición de los trabajadores y del propio sindicato para recurrir la normativa que va apareciendo en el BOE,  mantenemos sedes abiertas para atender y aclarar dudas y hacemos acto de presencia en los centros para explicar la negociación vigente y recoger sugerencias.   Y este trabajo lo hacemos sin discriminar a los afiliados de los no afiliados.   Y lo hacemos así porque recibimos los derechos sindicales que se nutren de las horas sindicales de los delegados/as y de los acuerdos con las administraciones.

Si se nos quitan o rebajan significativamente los derechos sindicales, lo justo sería contemplar la posibilidad de implantar la "negociación colectiva limitada", es decir, que las mejoras que consigamos los sindicatos a través de la negociación colectiva afectase exclusivamente a la afiliación del sindicato presente en dicha negociación.    Los trabjadores/as no afiliados o afiliados a sindicatos que no firmen tendrían que pagar un canon por el coste de la propia negociación colectiva(si desean que les afecte).

Este sistema pondría en valor  el trabajo sindical  e impide  que la afiliación a los sindicatos soportase económicamente el  coste de la negociación colectiva.   Por el contrario si la negociación colectiva afecta a todos, los sindicatos necesitamos de los derechos sindicales que nos está mermando el Gobierno.  

Podríamos entender el ajuste en derechos en la misma proporción  de merma de efectivos que están sufriendo los centros de trabajo.  Pero lo que pretenden es la exterminación de los sindicatos, y eso no lo van a conseguir.   Ellos están aprovechando la crisis para implantar el "estado del malestar", para acabar con las estructuras incómodas como los sindicatos y para volver a constituir una sociedad basada en el miedo y en la moral "decente religiosa"; y  nosotros a luchar para intentar "que no acaben con todo".  Es la hora de la resistencia.